27 de junio … 2017

Han pasado doce días de mi cumpleaños. Ahora tengo 28. Soy profesor, tengo salud, una novia que es mi amiga, una familia hermosa y un techo sobre mi cabeza…

¿Qué más se puede pedir en la vida?

Han pasado 12 días de mi cumpleaños, ayer llovió, ahora estoy tomando una prueba a mis alumnos. Ellos, como yo, estamos cansados… esperamos las vacaciones.

Han pasado 12 días, y no quiero pensar en suicidarme, pero no sé como vivir. Esos demonios han aflorado, y les tengo miedo… mucho miedo. Solo quiero llorar, pero debo guardar la compostura. Quiero llorar, gritar, perderme, morir, paz; pero quiero vivir, no quiero decir adiós… no ahora.

Y no sé como pedir ayuda… sin dar problemas ni preocupaciones a quienes me rodean. 

Han pasado doce días… y no es mentira.

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Listas…

Lunes 15 de mayo, 2017.

Hay un texto de Umberto Eco que se llama “El vértigo de las listas“. Eco, como se extraña en el mundo de las letras. ¿Cuántas listas no hacemos día a día sin darnos cuenta? Mundanas, como quieran llamarles, pero listas al fin y al cabo.

¿Qué películas te gustaría ver? ¿Cuáles son tus deseos para el año nuevo? ¿Qué debemos comprar en el supermercado? Etc…

Listas y más listas. Me encanta cuando en los libros aparecen listas, esas listas chinas, cuando varios nombres danzan frente a tus ojos, ya sea en una novela o en memorias; las listas están a la orden del día.

El problema de las listas es lo que significa. Si son para el supermercado, la lista debe completarse. Si no se completa, es probable que algo falte en nuestras alacenas. Si son películas, deben verse todas para que dicha enumeración pase a la historia… a la lista de cosas que ya hicimos. Sea cual sea la lista, el factor común es la necesidad – y casi obligación – de querer completarlas.

El tiempo, ese tiempo del cual sigo pensado está allí, acechando ante nosotros, jugando para que no completemos la lista más importante de todas: la de nuestras vidas. ¿Qué pasaría si, al partir, nos damos cuenta que falto algo de esa lista?

Tiempo, tiempo y vida …

El tiempo avanza a pasos de gigante…

Sábado 13 de mayo, 2017.

Así el tiempo avanza, a pasos de gigante; engañándonos para que pensemos que en realidad lo hace lentamente, como un recién nacido; pero sin darnos cuenta le perdemos la pista y solo vemos la nube de polvo que deja delante de nosotros…

No quise ver las fechas, pero probablemente hace más de dos meses que no escribo. Era verano, mis últimos días de ser un individuo sin nada que hacer. Ahora, estoy encargado de enseñar a jóvenes ciertas materias en el colegio. No puedo evitar, cada vez que entro al salón de clases, verlos e imaginar que allí estoy yo, con mis amigos, sentados en ese lugar, como en aquellos tiempos cuando todo era más simple.

¿Vieron la película «The Wall»? Es parecido a la imagen con el cigarrillo, cuando Pink está sentado absorto en la nada. Así como se muestra, en aquel cigarillo consumiéndose la imagen de Syd; así avanza el tiempo. Estamos sentados, pensando que hacemos algo con él, pero en realidad nos consumimos, sin darnos cuenta, hasta llegar el punto que el dolor de nuestro dedo al quemarse nos violenta; solo allí nos percatamos que el cigarrillo se acabó y no le dimos siquiera una calada…

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Hace dos semanas realicé un viaje, el tiempo pasó, para juntarme con mis compañeros de colegio: 10 años desde que nos graduamos. Ver a un gran grupo de la generación en el mismo lugar me hizo, junto a mi gran amigo, entender que en realidad no estábamos tan diferentes, pero ya no eramos los mismos que habíamos salido. No habíamos dejado de «ser», seguíamos «siendo en esencia» la misma sustancia, pero los accidentes se dejaban ver ante nuestros ojos. Aristóteles … ¿potencia de qué somos ahora?

El tiempo avanza, y el polvo se acumula sobre las repisas de mis libros, el óxido gana territorio en las cercas de la casa; cada minuto que pasa me acerco a ese momento; aun sin darme cuenta; como aquel cigarrillo que no he fumado; como aquel momento que un no ha sucedido aun, pero que ya tiene su final escrito …

Hoy, solo quería escribir algo …

Última semana de febrero, 2016.

Última semana de febrero, 2016.

Han pasados días, han pasado cosas, y en estas páginas no se ha escrito nada. Pero que no se escriba nada, no quiere decir que no se tengan cosas para decir. Al contrario, son tantas cosas que pasaron, creo, que no tenemos tiempo para recapitularlas en el momento…

Cuando el tiempo pasa, te das cuenta que tampoco puedes hacer una transcripción de lo que sentías días atrás. ¿No es una desventaja? Sí, lo es. Al final, si no tenemos tiempo para expresarnos en el momento, más tarde – pensando que el tiempo de mañana podremos usarlo – nos damos cuenta que las emociones se superponen como un relato a varias voces…

En las cosas mundanas, debí dejar de lado “El hombre del salto” de DeLillo, no tenía la tranquilidad. En un momento le perdí el hilo y me ofusqué. Pasaban cosas en casa y, la verdad, no podía darme el tiempo de sentarme y disfrutar. Solo leí la primera parte completa, la segunda hasta la mitad… cuando me vi en la obligación de cerrarlo, fue una decepción para conmigo. No era mi culpa, en ese momento simplemente había cerrado la puerta a la lectura: abría el texto a las 14:00 hrs y, con el dedo entre páginas, daban las 17:45 y no había avanzado nada, ninguna página.

El fin de semana me perdí en aquella playa que ya he hablado, sin conexión, sin nada, pero vi cosas, violencia, hipocresía, vi un espejo, oí palabras vacías, llantos que rompían el silencio, vi el mar agitado, la noche con tantas estrellas como granos de arena, pero también sentí, en algún momento, la sonrisa de un niño pequeño, la risa contagiosa de un joven de veintitantos años, una familia que se reunía, que disfrutaba, también vi los besos más fríos de este verano, las caricias más traicioneras y las promesas más falsas del día… pero también pensé y sentí.

Llevé tres libros: “El cartero” de Bukowski, “Soldados de Salamina” de Cercas y uno que retomé, luego de haber dejado el anterior inconcluso, “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago. Así como la vez anterior, avancé cerca de 600 páginas de “2666“, esta vez no alcancé a llegar a la mitad de Saramago… mi cabeza está en otro lugar. Aun así, espero hoy terminarlo – tomando en cuenta que, el miércoles comienza el trabajo.

Sentí que me ahogaba. El mar estaba bravo. En un momento pensé en ir al mar, como cualquier individuo en una playa, o caleta, nadar, alejarme de la orilla, dejarme llevar. Como saben que nado bien nadie se preocuparía, dirían que estoy nadando, pero en realidad quería estar a la deriva, que la corriente me llevase, me arrastrase quien sabe hacia donde. Ojalá una ola golpease mi cabeza, perdiera el conocimiento y mi cuerpo se fuese al fondo del mar. Sería una ironía. Quería salir a caminar al desierto, alejarme de las casas humildes, y no volver, ver el cielo, caminar con la cabeza levantada hacia las estrellas, quería irme en la noche, sin ver más el amanecer, quería sentir o imaginar mi último respiro… ya lo había pensado antes, años atrás, y ahora volví a hacerlo…

… acá estoy, escribiendo esto, pasó el tiempo, terminaré el texto de Saramago y lo seguiré pensando, mientras decido cual será el siguiente.

Bitácora de lectura: “El jardín de al lado” de José Donoso.

Libro: “El jardín de al lado”
Autor: José Donoso.
Año|Editorial: 2012 | DeBolsillo.
Idioma original: español.
Evaluación: 7/7                    Fecha Lectura: Noviembre/2016.

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Lo memorable: El libro en su totalidad – ¿usemos la expresión tan donosiana de “polifónica”? La narración del escritor destruido caminando hacia el infierno, ese infierno propio y externo, simbolizado en Marrakech. El final del texto es hermoso, las últimas tres o cuatro páginas revelan algo que, si el lector no percató antes, lo dejará con la boca abierta y, probablemente, pensará en volver a leerlo ahora con esa información.

Mi vida mientras leía este libro: esperando mi ceremonia de titulación. La culminación de un proceso, el cual terminé de forma limpia. Aunque, si debo ser honesto, no puedo dejar pasar que antes había estudiado otra carrera, la cual dejé pues no era lo que yo quería: lo mío no era la salud, eran las letras.

Mi hermana salía del colegio. También terminaba un proceso, de 14 años para iniciar el proceso de ingresar a la universidad. Lo estaba leyendo, lo recuerdo, cuando ella fue a un ensayo de su ceremonia en el colegio. Lo leía y pensaba en el narrador, también en el autor… Donoso, Donoso, ¿por qué?

Como en todo cambio, nace la incertidumbre, el miedo al mañana. Quizás no al mañana como tal, más bien a la “duda” del mañana. ¿Rendirá frutos lo que hicimos? ¿Podremos seguir viviendo feliz? ¿Ahora, dejaremos de vivir para comenzar a sobrevivir?

En este sentido, quizás todos somos un Julio Méndez, caminando en nuestro propio Marruecos…

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Donoso, Donoso … como dijo Saramago: simplemente te damos las gracias.

Citas:«[…] en vez de adormecernos en forma natural o de aceptar la vigilia, nos suicidamos simbólicamente todas las noches […]» (p.76) Creo que todos hemos pensando, en algún momento de nuestras vida, que cada noche al dormir, en verdad, morimos para resucitar al día siguiente…

Comentario: había olvidado lo que era leer un libro de Donoso. “Pepe” debió ser reconocido mucho más en vida, a diferencia de algunos autores que aun succionan del pezón del “boom” – y él que fue parte de este – tiene calidad en su prosa. Los cuentos y las novelas son obras de arte.

Luego de Donoso, ¿quién puede escribir? Freud tiene razón, ¿quién puede escribir luego de él sin “tener parte de él”? ¿Habrá que matar a Donoso? Después de leer a Bolaño, ¿a quién puedo leer sin “achicarlo”? Sin dudarlo: José Donoso.

En estos momentos no puedo sacar de mi cabeza tres cosas: lengüitas de gato, papeles amontonados y un buen “vaso” de Valium para dormir en esta habitación en medio del desierto…

17 de febrero, 2017

17 de febrero, 2017.

Hoy solo han habido lágrimas, sentimientos de ahogo, miedo, angustia – ¿sartriana?, o como se quiera llamar. Me refiero a esos días, periodos de tiempo en que sentimos en nuestro pecho una fuerza, que en cualquier momento – por la razón que sea – explotaremos en llanto, nuestras lágrimas caerán por nuestras mejillas ante la mirada atónita de quien nos observe, sin provocación alguna, sin nada; solo esa sensación de muerta, de silencio, esa sensación de pensarnos como protagonistas de una pesadilla de la cual queremos despertar …

Algo más: terminé el texto, ya lo dije, pero ahora no encuentro que leer. Tengo tantos textos a mi lado, pero no puedo enfocarme. ¿Será el momento que estoy pasando? No lo sé, solo sé que no he podido sentarme a leer algo, y me molesta mucho que no pueda disfrutar de mi único vicio – además del cigarrillo, que tampoco es tanto – perderme en los libros…

14 de febrero (y algo del 15), 2017

14 de febrero, 2017.

No quiero entrar en detalles de este día, cada uno lo vive a su modo, con su pareja, o en soledad, o con sus amigos, sus mascotas, o quien sabe, hay tantas formas y uniones que uno puede celebrar hoy, saliendo de ese mal entendido “romanticismo” – a no ser que una de las personas tenga tuberculosis, por ejemplo, un oso de peluche no es romántico, ¿qué diría Byron? Pero seamos honestos: todos, en un momento u otro, nos encasillamos de románticos en la usanza actual de la palabra… ¿y qué tiene de malo? Nada. Solo los puristas se fijan en eso y, en esta fijación, obvian sus propias erratas culturales.

La mañana de ayer fue normal, ningún sobresalto. Me puse a leer un poco las redes sociales como se desarrollaba la batalla de los “pro – San Valentín” y de los “no San Valentín”. Es preocupante, creo yo, cuando por cosas como estas se llega a extremos de comentarios tan agresivos. Podrán tildarme de exagerado, pero uno no debe olvidar que el lenguaje crea una realidad y, por mucho que uno tenga claro que son bromas, hay un grupo importante de la población que toma esas bromas como reales, como si fuesen dogmas a seguir que terminan por tomar posiciones en las trincheras de una batalla que no debería haber sido jamás… lo mismo ocurre con Navidad, Halloween, y cualquier festividad que exista. En lugar de dejar ser a quien la vive, le enfrentan como si fuera una afrenta. ¿Dónde quedó la tolerancia y el deja vivir? Muchos se esconden en la libertad de expresión… al menos cuando esta les conviene, pues al darse vuelta la tortilla son los primeros en reclamar que no se deben meter con lo que “a ellos les parece adecuado”.

Durante la tarde seguí leyendo, el libro me atrapó de forma completa en sus últimas 150 páginas. La hora se pasó volando. Golpearon la puerta. Era mi novia. Abrazos, besos, intercambio de regalos y salimos… hasta que dejaremos el relato.

Madrugada y día, 15 de febrero 2017. Estaba cansado, traté de seguir leyendo en la noche, pero el cansancio me ganó. Coloqué música, apague las luches, y fijé mi mirada en esa masa oscura llamada techo. Las calles estaban en silencio. Uno que otro perro ladraba – no eran los míos, tampoco los del vecino. Me estaba quedando dormido. Una imagen se atravesó en mi mente. No la recuerdo, era una imagen difusa, ¿recuerdos? ¿deseos? No lo sé, pero me sentí amenazado un momento. El tiempo avanzaba. La presión sobre mi pecho era fuerte. El sonido de la calle era más nítido. Los pasos de algunas personas, a esas horas de la madrugada, llegaban con ecos a mis oídos. Mi oído comenzó a doler. ¿Hipoacusia? Cartas, escribir cartas, un diario, un pedazo de papel, comunicarme con quien no está conmigo, pero como hacerlo, no sé donde está y, si no sé donde está no puedo comunicarme, la tecnología hoy no me sirve, los recuerdos, los difusos momentos que me ahogaban, también esas sensaciones de alegría, querer morir, querer vivir, soñar, no despertar, no dormir, soledad, anhelada soledad, pero el tiempo se encarga de darte una paliza, no puedes escapar al tiempo, la luna estaba hermosa, brillante en este cielo despejado, la luz de mi habitación estaba muerta, el silencio estaba vivo, no quería ruidos, solo silencio, pero en la vida el ruido te hace sentir vivo, como el movimiento, la muerte se viste de silencio y quietud, todos morimos en las noches, alguien lo dijo, no sé quien, esas frases tan sacadas de contexto con las que algunos quieren mostrar algo que no son, compartir, compartir con quien, con nosotros, con la noche, estamos preparados, pero no dispuestos, la opresión del pecho… El frío me hizo despertar, me había dormido sobre la ropa de cama. El día nuevo había comenzado.

En la tarde he terminado el libro. ¿Qué hago ahora? Luego de haber re-leido la magna obra he quedado sin palabras. Es más, me gustaría volver a re – leerlo. De esas pocas obras, creo que yo, que llegan a nuestra vida y pensamos, “listo, con está me iría a una isla desierta y tendría para toda la eternidad”. ¿Por qué moriste, maestro?

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